
“A veces, los sueños más grandes nacen en los lugares más simples, construidos a través de pequeños actos de amor y dedicación.”
Así comenzó el camino de la Seño Sheny: de forma inesperada, pero con destino. Después de graduarse, caminó por varios pueblos cercanos a La Antigua Guatemala, en busca de una oportunidad para enseñar. Un día, una amiga la animó a dejar su currículum en la Escuela Nuestro Futuro. Desde el momento en que cruzó la puerta de la escuela, sintió una calidez única. El equipo la recibió con amabilidad y una sonrisa sincera.
En ese momento, no había plazas disponibles. Pero el 15 de enero de 2013 recibió una llamada telefónica que cambiaría su vida para siempre: Niños de Guatemala le ofreció un puesto en el equipo docente. Fue entonces cuando su historia realmente comenzó—su primer trabajo y, hasta el día de hoy, su trabajo soñado.

Enseñar con corazón y propósito
Para Sheny, enseñar en preescolar es más que una profesión: es una alegría diaria. La curiosidad, la risa y el asombro de sus estudiantes hacen que cada día sea único. “Me encanta ver cómo descubren el mundo”, comparte. “Se emocionan al aprender una nueva letra, un número o una historia. Su alegría es contagiosa.”

A lo largo de los años, muchos niños han dejado huellas imborrables en su corazón. Recuerda con cariño a estudiantes como Camila y Veraly, quienes enfrentaban circunstancias familiares difíciles que afectaban su aprendizaje. Durante ese tiempo, el rol de la Seño Sheny evolucionó: dejó de ser solo maestra y se convirtió en una figura materna. Se ocupaba de su higiene, se aseguraba de que tuvieran comida y ropa limpia, y profundizó aún más su compromiso con su educación.
“Ellos me retaron a crecer como maestra”, dice, “a pensar más allá de lo convencional y volverme más creativa y compasiva. Con ellos aprendí que enseñar no se trata solo de transmitir conocimientos—se trata de abrazar a cada niño con el alma.”


Una oportunidad que cambió su vida en el extranjero
Uno de los momentos más transformadores de su carrera llegó cuando fue seleccionada como una de las tres maestras para participar en un intercambio educativo en los Países Bajos. Allí conoció nuevas metodologías de enseñanza enfocadas en el respeto, la autonomía y el poder del juego en la educación inicial. Visitó aulas llenas de materiales sensoriales, vio cómo se animaba a los estudiantes a expresarse y observó espacios seguros y alegres para aprender.
“Esa experiencia no la dejé en Europa”, dice. “La traje a casa.” Hoy, la Seño Sheny incorpora técnicas de aprendizaje activo, organiza estaciones donde los niños eligen cómo quieren aprender y respeta el ritmo individual de cada estudiante. Escucha más, confía más y enseña con una empatía aún más profunda.

A todos los que apoyan la misión de NDG: gracias. Gracias por creer en la educación, por invertir en el presente de nuestros niños y por permitir que historias como la mía se escriban. Su apoyo no solo transforma vidas—las llena de esperanza, amor y oportunidades. Sigamos soñando juntos, porque cada niño merece descubrir su poder y saber que hay adultos que creen en su futuro.
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